Suscribite - come sopa de calabaza

23.8.14

para anónimo


Tenía una idea aproximada de lo que iba a pasar.
Ibamos a encontrar cada uno en el otro aquello que nos hacía falta. Ibamos a sentir como nos completábamos por dentro, ya que el otro representaba una pieza única y exquisita, un reemplazo perfecto, un vacío llenado.
Al principio sólo hablaríamos de aquellas cosas tontas que tenemos en común. Nos concentraríamos en cosas banales, insulsas, poco interesantes. De apoco escarbaríamos en lo profundo de nuestras mentes, en nuestros amores pasados, en nuestras desgracias.
Encontraríamos en el otro, que pasamos por lo mismo. Que las heridas de cada uno, siguen abiertas, y que fueron hechas por el mismo cuchillo. Tal vez de a poco nos daríamos cuenta que para sanar necesitábamos otra mano en la nuestra. Otro nombre que repetir antes de ir a dormir, en ese estado de duermevela que es como un espiral. Un espiral de brumas indecisas. Un espiral lleno de ¿lo llamo? Pasaron dos días y no hablamos, ¿que hice mal? Sus ojos son tan brillantes, sus labios son tan suaves. Su nombre rebotando en las paredes de la cabeza, su mirada lo último presente antes de sumirse en el sueño.
Paulatinamente comenzaríamos a hablar de nosotros como una sola unidad.
Cada uno estaría presente en todo momento del otro, tal vez solo en sus respectivas cabezas, tal vez acompañando, tal vez a la distancia, tal vez tan cerca, tan cerca, tan cerca..
Entonces nos daríamos cuenta de golpe. Esto es amor. Esto es en serio. Es lo que buscábamos sin darnos cuenta, cuando solo queríamos olvidar aquel otro nombre que rondaba en nuestras cabezas antes de ir a dormir, en un espiral de duermevela, amargado, oscuro,desesperado.
Y llegaríamos así a ese instante perfecto en que conocemos cada parte del otro. Cada centímetro de piel, cada pensamiento, cada historia.
Si, tenía una idea aproximada de lo que iba a pasar, y todavía no lo conocía.

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