La vida te da momentos de mierda y momentos buenos. Te patea, te insulta, te apedrea cuando lo que mas necesitas es una caricia o un gesto de amor, para luego abrazarte y hacerte saber que todo va a estar bien.
Tuve un fin de año especialmente difícil. Por primera vez viví en carne propia lo que significa tener a un ser querido ausente. Fue peor que una muerte, porque era el saber que esta lejos, que te necesita, necesitarlo vos también y no poder hacer nada al respecto. Ni siquiera levantar el teléfono y llamarlo para decirle, una vez, dos veces, incansables veces, estoy acá, no me olvidé de vos, te quiero, pienso en vos todo el día, todos los días, en todo momento.
Pasó septiembre, pasó octubre y también noviembre y diciembre. Y cuando creíamos que estábamos terminando este 2013 de la peor manera, la vida decidió darnos una buena. Nos juntó a la familia (que se unió mas que nunca en esta separación) nos hizo darnos las manos y cuando le preguntamos qué era lo que pasaba, cuando quisimos saber el por qué de esa seriedad, nos dejó saber que pronto seríamos los mismos que eramos al principio. Nos dijo, estarán todos juntos para el comienzo del 2014. Vuelve Camila de Rusia. Nos comentó también, que si bien seríamos los mismos que eramos, estaríamos cambiados, porque fuimos atravesados por una tristeza que no conocíamos antes. Habíamos sido cacheteados por la ausencia, por la injusticia, por todo lo malo que antes desconocíamos o creíamos desconocer. Ahora somos otros, pero casi que somos mejores. Resistimos, aceptamos aquella mierda que nos tocó, y pudimos sobrevivirla.
Así que ahora me despido del 2013 agradeciendo lo que tengo. Y lo que tengo es una familia que no es perfecta, pero que aprende a quererse y a estar presente cuando nos necesitamos juntos. Me rodeo de gente buena que quiere que llegue el cambio al mundo. Me rodeo de gente que me hace bien.
Gracias entonces a la vida por enseñarme esta lección. Bienvenido 2014, empezarás con el pie derecho y eso es una gran cosa.