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9.3.14

Mi barrio desaturado

Amaneció tarde, tardísimo en la ciudad. Parece que el sol no quería salir hoy.
Cuando finalmente los primeros rayos lumínicos golpearon los techos de mi barrio, ocurrió lo que siempre ocurre que me maravilla tanto. El primer rayo me da firmemente en los ojos y de pronto parece que veo en blanco y negro. Todos y cada uno de los colores desaparecen por unos instantes. 
Generalmente a los pocos segundos vuelvo a ver todo con normalidad, porque mis ojos se acostumbran a que ya es de día. Bueno, eso no pasó hoy.
Hoy cuando amaneció, y mis ojos chocaron con el primer rayo de sol, los colores se fugaron, el barrio se sumió en una triste y monocromática situación, y creo que nadie mas lo notó. Lo primero que atiné a hacer fue mirarme al espejo. Ahí estaba yo, con el pelo gris claro, los ojos plateados, las manos incoloras. Toda yo, como siempre, solo que toda desaturada. Abrí grande los ojos, sorprendida. Que triste verse así.
Abandoné mi casita gris, mirando las rutinas de mis vecinos. Nada parecía haber cambiado aparte de la ausencia de color y brillo. Mi barrio era el mismo, solo que opaco e insulso. La gente caminaba, regaba las plantas, hablaba entre si. Todo lo hacían como siempre lo hicieron desde que tengo memoria.
Se respiraba un aire pesado, sin embrago. Podía sentir partículas de tristeza que flotaban en el aire. Las caras de la gente asomaban indiferencia, las risas se desaturaron también, transformando en grave lo que antes era agudo, y todo lo que veía podía haberse acompañado con una melodía de violines melancólicos. 
Olí con profundidad las flores del puestito que está junto a la parada del colectivo y descubrí que también los aromas dulces se habían esfumado con ese primer rayo de sol que me dejó ciega de color. 
Era como si lo lindo del mundo se hubiese ido, dejando atrás lugares fríos, incoloros, con aroma a humedad y desolación.
El día transcurrió de manera angustiante, y cuando llegó la noche la luna emergió de manera que semejaba a un círculo que manchaba a un cielo negro y sin estrellas. No parecía ser tridimensional, solo una cicatriz redonda en una superficie infinita. Me acosté en la cama y lloré un poquito, porque necesitaba poder apreciar lo lindo de un rojo furioso, lo electrizante de un azul y hasta lo brillante molesto del amarillo.
Me levanté a eso de las 7 y abrí las persianas esperando a que amanezca.
Cuando el primer rayo de sol me golpeó en la cara, por un instante vi todo en su mas increíble esplendor. Todos los colores allí estaban, como ayer. Me emocioné, admiré lo hermoso que era mi barrio repleto de los mas brillantes tonos.
Pero a los pocos segundos el blanco y negro volvió a sumirme en la angustia. Pareciera ser que esta era mi nueva normalidad, cuando antes era lo que mas me maravillaba. Quizás pasaré el resto de mi vida buscando esos pequeños momentos al amanecer, para recordar lo que son los colores. Quizás es un aprendizaje, para valorar lo que antes no veía, lo que solo acompañaba mis días.

27.1.14

La duda

"La calle Obarrio está escondida prácticamente, entonces casi nadie notó que la casa de la esquina se desvaneció..."

20.1.14

Historias que se cruzaron de casualidad

Cada piedra en el camino la marqué con su nombre y el mío. En cada flor creí sentir su aroma, y en cada nube creí ver sus ojos. Caminé por varias horas marcando, oliendo, mirando. Empapándome de su ausencia, porque cuando no está lo llevo conmigo en cada pensamiento. En cada piedra, en cada nube y en cada flor. Me desligué del resto de mí. Pareciera ser que ya no soy la misma, que finalmente pude mutar. El camino tuvo algunos obstáculos, pero yo lo sorteé y aunque las piedras se hicieron mayores, mis trazos abarcaron mas y mas, escribiendo su nombre junto al mío.

Ya no veo más. Me olvidé de lo dulce que era su perfume, de la forma exacta de sus ojos. Su nombre ya no significa nada, y junto al mío queda tan mal. Pero si bien ya no es nada en mi vida, el olvido fue paulatino. Me despedí tranquila, porque sabía que el adiós tenía una razón de ser. No conocía esta razón, pero acepté que era lo suficientemente fuerte como para separarnos. Y como viejos amigos nos dimos la mano. En mi cabeza juré que algún día volvería a verlo, tal vez en otro camino, tal vez sin piedras que por la eternidad lleven nuestros nombres.

Mi cabeza enloqueció un poquito cuando entró en mi vida. Quiso apropiarse de mi cordura, de mi cuerpo, de mis palabras. Quiso cambiarme, quiso llenarme de una presencia oscura y destructiva. Fueron tiempos muy raros, porque creí que nos hacíamos bien, cuando en realidad nos hacíamos mal. Y muchas veces quise alejarme, y muchas veces me trajo de vuelta.

Fueron muchas situaciones las que ayudaron a mi cabeza a volver a la racionalidad que nunca debió perder. Fueron luchas, disgustos, golpes contra mi propio cuerpo. Por parte suya, por parte mía. Porque el aceptar sus golpes era golpearme yo misma, el desprecio por el se hizo tan grande que me odié por odiarlo. Me invadieron sentimientos destructivos y creí ser una persona que no era. Me había vuelto solícita a sus planteos, me había acostumbrado a sus maneras egocéntricas y giré al rededor suyo como si fuera mi propio sol. Finalmente, luego de mucha búsqueda de voluntad, me despedí en silencio (no merecía que le dijera siquiera adiós).

Y entonces apareció de la nada, aunque en realidad lo había estado buscando. Me atrapó en poco tiempo, con palabras y gestos románticos. Y suspiré, porque su aroma me recordó a aquel aroma que sentía en todas las flores, y sus ojos también se me aparecían en las nubes. Fuimos rápido. Muy rápido. Y fue vertiginoso.

Un buen día nuestro camino tuvo que enfrentar una bifurcación, una fuerte decisión por parte de los dos. Su dictamen fue si si si. El mío fue no. Y como nos dimos cuenta que no opinábamos igual (o al menos no en ese mismo mismo momento) el se fue tan rápido como llegó.

No se como aparecimos, ya no recuerdo quien lo hizo primero. Nuestros nombres podrían llegar a quedar bien juntos en una piedra y tus ojos tal vez se parezcan a los míos. Tal vez los veamos juntos en unas nubes que pasan atravesando el sol. Tal vez lo hagamos acostados en el pasto a la orilla del río, con las manos entrelazadas. O quizás sentados en una mesa de un bar. No lo sé. No me importa. Solo quiero ir descubriéndolo de a poco.

1.11.13

Le habla a las paredes

Cuando llega al 3000 para. El juego la aburrió.
Mejor imaginar cómo se siente la nieve. ¿Se deshace? ¿Cuánto dura un poquito de nieve entre sus manos? ¿Será que allí afuera hace tanto frío que esas manos suyas no tienen calor, y la nieve dura largos períodos de tiempo entre sus dedos? ¿Minutos? ¿Horas, quizás?
No había visto nevar jamás, hasta que una buena mañana despertó y por la ventana vio como afuera caían miles y miles de gotitas blancas, ni líquidas ni sólidas: pura nieve. Y ese momento fue mágico, porque le dio la libertad que no sentía hasta entonces. Su cabeza voló miles de kilómetros, y con una sonrisa fugaz pensó que ese mismo cuadro invernal maravillaría a sus hermanos menores.
A la nieve ya se acostumbró, igual que al gris, a la soledad, y a veces se acostumbra también a su propia cabeza y a todo lo que allí recrea. La salvación para pasar el tiempo fue su propia imaginación. Su arma mas fuerte. Su creatividad. Creó todas aquellas historias que tenía reprimidas, exprimió sus últimas ideas y voló a un reino de fantasía, esos que tanto le gustan. Y como lo suyo son las imágenes, las texturas y los colores, adentro de su ser se inventó todas esas fotos que todavía no había sacado.
De todas formas, el tiempo avanza lento. Pero cada segundo que pasa reafirma su convicción. No lamenta lo sucedido, no siente rencor, ni siquiera tiene miedo. Todo le dice que hizo lo correcto. Todo dentro de esas cuatro paredes le da una mayor fortaleza que la que ya tenía.
Y prende la tele, para sentir una compañía que no tiene. La maravilla el idioma, lo siente tan lejano y distinto, una perfecta distracción. Es curioso, pero cuando lo escucha siente que esta de nuevo en su casa, tal vez por lo distante que parecen esas palabras que no entiende.
De día se siente en paz, en equilibrio. Por las noches es cuando mas extraña.
A veces pasa horas sin hablar. Otras veces, aún cuando esta sola en su celda, habla porque siente que va a perder la voz si no. Se dibujó un pianito en una hoja, y toca Michelle de los Beatles para que no se le entumezcan los dedos. Escucha los sonidos en su cabeza con la misma claridad que cuando los escucha en un piano real. En el silencio los sonidos, las imágenes, las emociones se hacen mas fuertes adentro suyo.
También desarrolló la capacidad de transportarse a otros lugares. Imagina que pasea por Caballito. Se ve de la mano de sus hermanos en alguna plaza. Se ve bordeando una playa desierta. Se ve en un avión volviendo a casa.
Cuando llega la noche se da cuenta de que pasó otro día inmersa en pensamientos hilvanados así nomás. 

2.9.13

you only live once


Olvido todo. Se pasan las horas. Aunque quisiera ser otra persona, no podría. Imposible, idiota sería si lo intentase. No queda otra opción, mas que disfrutarlo. Disfrutarme. Desear ser mas yo que nunca. Y en ese instante en el cual me acepto, es perfecto en toda sus formas. No podría ser otra persona, ni aunque lo quisiese, ni aunque lo intentase. No podría mas que disfrutar el momento, quedarme aferrada a esta última y necesaria opción. Porque hubo épocas en las que quise dejar de existir, y hubo épocas en las que quise autodestruirme. No necesito probar nada. Olvido el paso de las horas, pero no olvido que alguna vez quise ser otra, dejar de existir, cambiar de piel, de lado de la calle, cambiar de cielo. Y ahora que soy mas yo que nunca, me levanto.
Y cambio a veces. Porque siempre está el cambio. Cambio, porque no puedo morir aún. No debo. Valar morghulis, dirán. Todos debemos morir. Pero no, no todavía. Ahora me gusta un poco mas ser yo. Aunque algunas veces atenté contra mi cuerpo, contra mi alma, y quise romper en pedazos finos cada centímetro de mi piel, quise expirar mi ser, limpiar mi espíritu, vaciarme, llenarme nuevamente. Aunque hubo una época en que no quería levantarme, no quería mas nada, simplemente no quería. Todo eso queda grabado a fuego. Todo eso. Pero cambio, si. Y acepto que algunas veces quise morir. Y algunas veces quise vivir. Y pasan las horas, deseando ser yo misma. Y lo soy, soy yo, siempre lo fui. No necesito ya probarle nada a nadie. Este instante es tan perfecto, está grabado a fuego, fuego, lento, lento.


Cuando menos lo esperás, viene una revelación. Una palabra, un gesto, un aroma. Tal vez un color. Algo te empuja de nuevo, algo te dice, te advierte, te enseña, que quedan cosas buenas todavía. Tal vez no tengas mas su mano en la tuya, sus ojos a un centímetro para mirarte en ellos. Tal vez olvides pronto la textura de sus labios, el brillo de su pelo. Tal vez el recuerdo dure para siempre. No se. ¿Importa? No. 
Todavía quedan cosas buenas.

25.4.13

I'm still into you.

A veces sueño con que volvés.
No pasa el tiempo en mi cabeza. Para mí seguimos iguales. Vos con ese mismo saco, yo con el mismo vestido; los dos, las mismas emociones. Vos me decís las mismas palabras y yo me pongo el pelo atrás de la oreja. Y sonrío. No se que decir, me dejaste muda. Es como cuando nos conocimos.
Después me despierto, y la realidad es bastante lejana a lo que yo esperaba en mis sueños. No es verano, es otoño, y está nublado. La esquina está vacía, aunque se la ve llena de gente que va y viene. Me quedo parada, esperando que pase un milagro. Pero es imposible que estés acá.Ya tengo casi veinte años. No se cuantos tendrás vos, pasó tanto tiempo. Ojalá estés bien. Ojalá, al pasar por esta esquina, también te acuerdes de mí. Y ojalá, como yo hago, cuando paso por nuestra esquina, un domingo, a las 4, con el cielo despejado y el estómago revuelto, te quedes esperando un milagro, a ver si me ves venir cruzando la avenida. Y sonreímos, porque volvimos los dos.
Cada tanto pienso en vos. No extrañándote, porque como dije, pasó tanto tiempo. Si no mas bien con un amor que nunca mas sentí. Es la necesidad de estar segura que estás bien, que seguís siendo como eras cuando eras mío y yo era tuya, cuando nos pertenecíamos sin preguntarnos nada, y yacíamos en mi cama solamente mirándonos. Sabiéndonos amados, sin importar el mundo que vivía atrás de mi puerta. En pocas palabras, sólo quiero saber una vez mas, como te está yendo. Y si se me permite, si no es muy osado, desearte buenas noches.

1.4.13

write your voice

Escribo mi voz

Porque las palabras escritas duran hasta la eternidad, podes leerlas y releerlas y siempre están.
El significado varía según el día, la hora, el estado de ánimo.
Escribo mi voz por eso mismo.
Porque las palabras habladas no me gustan tanto como las palabras escritas.
Y me encanta cuando me escriben, me gusta leer mensajes ocultos, buscar significados.
Escribo mi voz, porque tal vez a alguien le guste descifrar los significados de mis palabras escritas, mas que escuchar mis palabras habladas, con esta voz monocorde y absurda, aburrida, plana y grave. No me gusta mi voz al escucharla, me gusta mi voz al leerla. Cuando escribo pienso mas, cuando hablo digo lo primero que viene, y no suele ser tan interesante.
Escribir mi voz es el mejor ejercicio, la mejor terapia, la mejor diversión. A veces se convierte en una adicción, a veces es sólo un hábito y a veces no me dan ganas de plasmar en palabras escritas lo que está mejor guardado en mi memoria.
Escribo mi voz porque puedo. Porque me libera. Al escribir mi voz soy mas yo que nunca. Soy yo hurgando en mi cabeza, en mis ideas, en mi mediocridad. No me importa ser mediocre si puedo escribir y aceptar que soy mediocre. Puedo librarme de ese malestar al escribir mi voz y eso me hace sentir bien.

19.10.12

Quema



Podría pasarse la vida entera contando tus pestañas. Tus pecas. Cada cabello de tu cabeza. O contar los segundos que tarda en recorrer tu piel de cobre con las yemas de los dedos. Esa sensación si que nunca se agota. Esa sensibilidad extrema en la punta de sus extremidades.
Es largo el camino a vos. Ella sabe que una vez que lo empieza no hay vuelta atrás, no hay retorno. Una vez dado el primer paso, no se puede desandar lo andado, y el único camino que queda es hacia adelante. Hacia ese adelante lleno de curvas, giros, pozos y charcos salados de lágrimas. El único miedo que hay en su corazón inquieto es el quedarse estancada, como en una arena movediza sin fin, entre el comienzo y el final, viendo como el calor de tus brazos está tan cerca, pero es inalcanzable, y el frío de su cama vacía a la vuelta de la esquina la atormenta. Los pasos no son fáciles de dar, hay como un peso extra en sus zapatos. Ese peso que le recrimina en cada metro que avanza, con voz mordaz y extremadamente parecida a la de su madre le cuestiona, interroga y hasta intenta convencer de que se quede quieta en su lugar. ¿Estás segura? ¿Estás feliz con el camino que elegiste? Ay, mamá, ¿no entendés que quiero sentir el calor de su abrazo? ¿Perderme en sus ojos? ¿Contar sus lunares? ¿Reírme con su risa? Ella prefiere sufrir el camino largo, estancarse en las arenas cada tanto, y ejercitar sus piernas en cada paso pesado que da sobre el asfalto. Su cama vacía y fría queda cada vez mas atrás, y va sintiendo como su corazón se va llenando de vida nuevamente. De calor; ese calor extraño y dulcemente sofocante que emana tu piel de cobre, que reacciona bajo sus yemas cuando la acaricia. Los últimos metros del camino son los mas oscuros, cuando muchas de las preguntas que se fue haciendo vuelven a emerger en sus pensamientos, y da los últimos pasos a ciegas, a tientas en la oscuridad de su cabeza. Ella sabe que solo tiene que pensar en tu sonrisa infinita para deshacerse de los pensamientos oscuros. Responderse a las preguntas interminables con un ‘ya veremos’ y dejarse caer en tus brazos, sabiendo que lo perdió todo, pero ganó mucho mas. Ya no le importa si va a doler el impacto, si será empujada nuevamente hacia su cama fría y vacía, o si se esfumará el abrazo cuando sus cuerpos entren en contacto.  

No importa nada porque su mente está en blanco, y las yemas de sus dedos se volvieron sensibles tocando tu piel de cobre, contando tus pestañas y tus pecas, separando cada cabello de tu cabeza.  Y ella sabe que no durará mucho, pero tampoco lo interesa esto. Se dedica al presente y siente, siente, siente..

3.6.10

Terror

Giré y casi me encuentro con la pared. Confusa, porque estaba tan cansada, pero aún así sin poder dormirme, apreté con fuerza los párpados. Nada. El sueño estaba ahí esperándome, pero sin atreverse a venir. Y los pensamientos volaban lejos, entre exámenes difíciles y recuerdos lejanos. Conversaciones, personajes y datos históricos todos mezclados en un remolino sin sentido que arrasaba con la cercanía del descansar. Y esa sensación que me atacaba primero despacito, luego mas fuerte, como si el techo se estirara, o yo me estuviese hundiendo. La cama resultó mas blanda, la frazada mas pesada, y yo caía lento en mi propio lecho. La pregunta constante, ese ¿qué me pasa? ¿qué me pasa? Y los ojos abiertos de par en par. Entonces, tuve frío. Temblé, tanto que las sábanas se sacudían con intensidad, y yo no podía concentrarme. Me tapé del todo, deseando que los temblores cesaran, pero nada cambió. Apreté los ojos de nuevo pero el sueño ya se había ido definitivamente. Entonces me senté, notando que los dientes me castañeaban con fuerza, tanto que los escuchaba chocar entre sí. Me paré abrazando mi propio cuerpo, en un intento desesperado de entrar en calor. Llegué al baño y me miré en el espejo. Me devolvió la mirada un rostro de expresión desencajada, con los ojos verdes brillantes en el terror. Estaba tan pálida que el verme me marió. Decidí acostarme, tal vez no era nada. Pero al acostarme el corazón empezó a quejarse, y golpeó fuertemente en mi pecho. Tanto que dolía. Y como dolía..
Subí las manos y las acerqué en la oscuridad. Se sacudían todavía pero las notaba lejanas. Me asusté un poco y decidí prender la luz. El movimiento hizo que me de cuenta lo rápido que estaba respirando. Es que el aire se sentía pesado, le costaba llegar a los pulmones. Entraba de apoco, casi siguiendo el ritmo descontrolado que seguía mi corazón. ¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa? Lloraba descontrolada, aterrada, y no sabía ya que hacer. Mi cuerpo se quejaba, taquicardia, temblores, y la desesperación. El miedo vino a instalarse.

9.9.09

Brillante Lea.

Lea siempre se sintió especial. En su cabeza creía tener algo que la distinguía del resto, que la hacía brillar, aunque al mismo tiempo se sentía opacada. Oculta por una nube negra (o algo por el estilo), que atraía a la mala suerte y la hacía desdichada. Desdichada teniéndolo todo. Porque Lea era una buena chica, perfecta en muchos sentidos. Siempre limpita antes de comer, siempre educada y responsable. Jamás descuidaba sus tareas, y lograba hacer varias cosas a la vez.
Pero, claro está, Lea veía en su persona una gran distorsión. En vez de bella, se veía fea, y creía que tenía la peor personalidad del mundo. Afirmaba aburrir a la gente y a sí misma también. Por eso no hablaba. No, Lea no abría la boca, salvo que sean puras palabrerías las que salieran de ella. ¿Qué hacía entonces Lea? Bueno, ella leía. Devoraba libros en sus ratos libres y se creaba en su mente un mundo utópico, de fantasías, al cual solo ella pertenecía.
Lea era muy contradictoria. Se amaba los fines de semana, y se odiaba los feriados. Sin embargo, era muy orgullosa, y llevaba consigo aquel porte majestuoso que incluía el perfecto combo de la cabeza alta y la sonrisa ideal, junto con la palabra justa para el momento indicado. Era así que iba por la vida, siempre vistiendo el mismo conjunto blanco inmaculado, saludando a sus vecinos con un ademán de la cabeza, obviamente, sin emitir sonido, porque ¿qué tiene de interesante la vieja de la esquina? No es mucho lo que se le puede decir.
Ella era la chica mas miedosa del universo, pero sabía mostrar lo contrario. Se escapaba de los conflictos, con miedo a involucrarse demasiado. Por eso Lea vivía sola, encerrada en su cuarto. Encerrada en su cabeza y en su mundo de fantasías, lleno de monstruos, princesas y sirenas, que la adoraban como a una reina, y le decían 'Brillante Lea'.

15.7.09

Robin es Paloma - Michael es Águila.

"Una vez, no hace demasiado tiempo, había dos pájaros, Paloma y Águila. Eran como una sola cosa, muy próximos, y hablaban larga y profundamente entre ellos. Pero un mal día se produjo una tormenta que los separó, y Paloma se fue volando sola, buscando siempre a Águila, sin encontrarla nunca.
Ahora bien, sucedió que Paloma encontró a Cuervo, y se hicieron buenos amigos. Cuervo era astuto y fuerte, y ayudaba a Paloma a vivir. Y Paloma respetaba a Cuervo, puesto que sabía hacer muchas mas cosas que ella. Pero Paloma sabía cantar, mientras que cuervo no. A menudo Cuervo le rogaba a Paloma que cantara para él, y Paloma siempre lo contentaba.
Después de haber estado juntos durante muchos días, Cuervo le contó a Paloma de un sitio nuevo y maravilloso del que había oído hablar. Quería ir, puesto que Cuervo era muy curioso, y convenció a Paloma para que fuese con él. Pero llegados allí no encontraron más que desierto. Se extraviaron y comenzaron a tener sed. Volando alto, Cuervo avistó un lago, y dijo: 'Bebamos aquí' y Paloma lo siguió.
Ahora bien, ese lago pertenecía a Serpiente, y Cuervo lo sabía. Mucho tiempo antes, Cuervo había prometido a Serpiente que le llevaría un sabroso alimento a cambio de su cascabel, puesto que Cuervo deseaba inmensamente poder hacer música, como Paloma. Pero Cuervo no quería que mataran a Paloma, puesto que la quería sinceramente. Pensaba que juntos podrían haber matado a Serpiente, y él le cogería el cascabel. En realidad, Serpiente quería comerse a Cuervo, porque encontraba que Paloma era demasiado delgada, enjunta y poco sabrosa. En resumen, cada uno quería enredar al otro.
Mientras Paloma estaba bebiendo en el lago, Cuervo esperaba a que apareciera Serpiente. Y de pronto llegó Serpiente, arrastrándose con la boca abierta, y asustó a Cuervo, y Cuervo apenas tuvo tiempo de remontar el vuelo, gritando a Paloma para que hiciera lo mismo. Pero Paloma tropezó y no consiguió volar. En lo que ni Serpiente ni Cuervo habían pensado, era en que el lago estaba envenenado, porque en el había abrevado Serpiente. Ahora bien, ella envolvió a Paloma, envenenada, con su larga cola, tratando de hacer que Cuervo se acercara. Pero Cuervo pensaba que solo no conseguiría matar a Serpiente. Y tenía miedo de que, si lo intentaba, Serpiente moridera a Paloma con sus dientes envenenados y la mataría.
De pronto, apareció Águila, aterrizando entre ellos. Águila era muy fuerte y, con toda facilidad, habría podido matar a Serpiente. Pero cuando se acercó para hacerlo, ésta apretó a Paloma con mas fuerza y dijo: 'Si te aproximas, la morderé. Mata a Cuervo y déjame su cadaver, y yo te daré a Paloma'.
Águila se volvió hacia Cuervo, y Cuervo se espantó. Dijo 'Paloma y yo somos amigos. Ella no querría que me mataras'.
Pero Serpiente dijo: 'Si Cuervo es amigo de Paloma, ¿por qué la ha traído aquí para que me la comiera?'.
Cuervo dijo: 'Eso no es verdad'. Pero Cuervo temía que Paloma se sintiera traicionada y permitiera que Águila lo matara para Serpiente.
Águila razonó un instante, luego dijo: 'Dejaré que sea Paloma quien decida si eres su amigo, Cuervo, o si debo comprar su libertad a cambio de tu muerte. Pero ésta es mi decisión: Si Paloma debiera morir, ambos moriréis'.
Cuervo y Serpiente esperaron, buscando una posibilidad de fuga, espantadísimos. Pero Paloma no hablaba, no decidía. Sofocada como estaba, comenzó a cantar. Y Águila sonrió.."

-Fragmento de "Fin de semana"-

13.7.09

Palacio veraniego

Se despertaba demasiado temprano, habiendo dormido poco. La emoción de un nuevo día de aventuras no la había dejado descansar como debía. Apenas abría los ojos y veía el rayo de sol entrando por la ventana de su cuarto, se levantaba de un salto y corría a ponerse su cómoda ropa de verano. Lo sentía, por como latía su corazón, lo veía en las formas de las nubes de algodón. Ese día iba a ser el mejor de todas las vacaciones.
Luego entraba a la cocina, con una sonrisa dispuesta a quedarse en sus labios hasta bien entrada la tarde, cuando volvería a su casa, cansada y sucia, pero feliz. Desayunaba demasiado rápido, muy distraída, contando los segundos que faltaban para que la pasaran a buscar. Y después de una corta visita al baño y de haber guardado su mas preciadas poseciones en su mochila, se hacía la hora de sentarse en el sillón, pegada a la puerta, lista para salir. Tras el bocinazo producido por la camioneta, un beso a mamá y un batir de palmas, ella ya estaba en camino, yendo lejos a divertirse.
El camino parecía excesivamente largo, aunque iban cantando y riendo. Ella iba sentada atrás, pero siempre se sentía como una mas de aquella extraña y divertida familia. Esa unión que siempre cuidó, con amor y esmero para que nunca se rompiera, es lo que mas protege en el mundo, hasta el día de hoy. Claro está, que en su cabeza de 11 años no pensaba en el futuro, no veía mas allá de las siguientes horas. Y tras pestañear un par de veces, suspirar otras tres, y reír muchas mas, llegaban al destino, con las manos fuera de las ventanas, golpeando las hojas de las plantas bajas.
Tenía a su mejor amiga de todo el mundo junto a ella, para divertirse como nunca. Ellas no necesitaban mucho, se arreglaban con un hermoso árbol, aquel que estaba a unos 100 metros de las mesas en las cuales comían. La caminata era muy especial, iban riendo y comentando su próximo juego. Y así como así, estaban trepadas en las enredadas ramas, asomando sus cabezas entre las hojas, por lo que ellas llamaban ventanas. Ventanas de su palacio veraniego.
El día se hacía mas corto de lo habitual. Sus preocupaciones mas profundas y pesadas, eran el rasguño que se había hecho en la rodilla, o el agujero en su remera nueva. El mejor verano de su vida fue en aquella extensión de pasto y agua, calores y risas fuertes.
Recuerda ahora cada cosa, cada emoción.
Recuerda la brisa dulce del río, haciendo bailar su cabello.
Recuerda las risas por los chistes infantiles.
Recuerda las charlas, las expediciones entre los árboles y familias desconocidas.
Recuerda su mirada intacta, pura, feliz.
Recuerda las noches en vela, esperando..
..esperando..

15.5.09

Puro SOL

Su pena me dolía mas que la mía propia. Sus lágrimas eran mas fuertes que nada; su tristeza, mi agonía. Y aún así el remordimiento me impedía acercarme y mostrarle lo que verdaderamente sentía. Fue complicado establecer el mínimo contacto y llegar a clavarle la mirada. Sus ojos lo decían todo, su expresión pudo con mi mundo, y en la fragilidad en la que me encontraba, todo se derrumbó al instante. Solo un segundo bastó para terminar con lo que quedaba de mi. Y clavarme su dolor en mi corazón me aceleró el pulso, hasta parecer que había corrido días enteros sin parar a descansar.
Una gran bocanada de aire, un suspiro y un par de ojos cerrados con fuerza. Todo eso para calmar el grito, y cortar el llanto. Y cuando me miró con rudeza, sentí que yo no era nada, no existía, daba igual. Todo era insignificante de mi, tan poco interesante, tan superficial. ¿De qué servía intentar aparentar, si mi realidad ya había sido descubierta?
Entonces, una simple palabra salió de sus labios, y aquel día acabó siendo nombrado como el peor de toda mi vida.
-Promesa.- en tonos graves y llorosos.
Con la carga de haberle fallado, de saber como se cerraba esta historia en un final abrupto, me atreví a bajar la cabeza, y sin tragarme el orgullo, no poder pedir perdón.

27.4.09

I write you, to let you know..

Lo miré de lejos. Parecía retarme desde la distancia. Me susurraba entre velas y recuerdos. Que se yo, seguramente debí haber estado allí parada varios días, sopesando mi próximo movimiento. Que hacer, que decir. Y como desenvolverme; es todo un desafío. Pero el se mantenía quieto en su pose, siempre vanidoso, siempre estático (pero tan insistente). Al torcer un poco el cuello, me llegó el aroma que desprendía. Aún desde mi posición, podía apreciarlo. Tan dulce, tan llamativo a mi parecer. Eso fue, seguramente, lo que hizo que mis pies decidieran avanzar. Como en un trance, deslizándome por ese suelo frío de baldosas, caminé los que parecieron ser kilómetros.
Hasta llegar a el. Él. Si, él. Porque es tan personal. Es perfecto, y en su perfección nos mata cruelmente, nos hace sufrir. Y al mismo tiempo nos alimenta.
Me paré, conmocionada a su lado. Yo al borde de un ataque de nervios, el simplemente provocador.
Vení. Aprovechate.
Y su cuerpo me convocaba, me insistía, como un imán me atraía su oscuridad. Su paz. Creo que ahí me rendí, me abandoné a mi debilidad. Y caí, gracias al fuerte poder que el tiene sobre mí. No pude evitarlo, resistirme duele como mil cuchillos sobre el corazón.
Tan suave. Purificante. Hermoso. Levantar la mano me costó varios segundos, en su prescencia todo debía ser ideal. Y al acariciarlo, el mundo se detuvo por una fracción de segundo. Me costó respirar, me costó vivir como antes. Porque me cambia, juro que me cambia tocarlo, apoyar mi mano sobre su textura, sobre su frialdad. Y una ola de felicidad, y todos los demás sentimientos que ésta conlleva, me abatió por completo. Tras una profunda respiración, ambas manos se hallaban reposando sobre él.
Y muy despacito, muy tranquila dejé que ellas bailaran sobre su piel.
Cerré los ojos cansados. Esta tarea puede ser tan desesperante, como puede ser tan especial. Me invadió la paz, descubriendo un nuevo mundo lleno de agudos y graves, de luces y oscuridad. De magia, colores, profundidad, personas, matices, sabores e imágenes.
Había domado a la bestia, aquel cuerpo de madera antigua me pertenecía, y era solo mío para apreciarlo y aprovecharlo. Y tocarlo por horas no parecía ser suficiente. Debía quedarme toda una vida sacándole aquella música suave o fuerte, triste o alegre. Nunca podría parar. El piano me absorbió, y todo lo demás se hundió en lo que antes se llamaba 'mundo real'.

5.4.09

¡otoño!

Me levanté con ganas de quedarme en cama toda la mañana. Y me levanté bien temprano, de la manera que me gusta levantarme. Tapada hasta el cuello, con acolchado, la ventana abierta y las persianas bajas, y aquel viento frío del otoño golpeándome la cara. Como un alivio necesario, algo que me trae paz y borra la ansiedad. No fue necesario fijarme la hora, ni investigar la temperatura. No temí el resfrío que tarde o temprano llegaría, haciéndome amar mas aún la época del año. Es que esa enfermedad es tan propia de la época, que no puedo odiarla. Es costumbre. Y es genial poder decir ¡otoño! con la nariz tapada y enrojecida.
Me vestí con parsimonia. Como disfrutando de los temblores que el frío causaba en mí. Y ay, que lindo es subir la persiana y que sople la brisa helada, es la mejor manera de borrar el sueño, y darle la bienvenida al día. Con una sonrisa congelada, la cara pálida y el maquillaje corrido. Esa fue la expresión ausente y feliz que me miró esta mañana en el espejo. Extrañaba verme así. Extrañaba decir, ¡otoño! al salir a la vereda.
Me preparé un café y calenté mis dedos entumecidos abrazando la taza. Como hacía en el invierno. Yo, siempre tan exagerada. Solo hacían 12 grados. Solo hacían 20 grados menos que en el verano. Esos 20 grados menos pueden llegar a hacerme tan bien. Me dan ganas de reir, de saltar sobre las hojas anaranjadas, de correr y escuchar el viento silbarme furiosamente en el oído, y escucharlo decir, ¡otoño! a cada paso acelerado.
Me aseguré de que las ventanas estén bien abiertas para darle paso al frío. Como recibiendo a un fiel amigo, invitándolo a sentarse y ofreciéndole un té tibio. Me senté en el sillón, mirando el televisor apagado, maravillándome con esa sensación mágica, esa cosa rara en mi interior que me gustaba tanto. Era eso que me obligaba a reirme de la nada, y a soltar una carcajada de forma extraña, abrir los ojos junto a la ventana, y estirando bien los brazos abrazar al viento, con un ¡otoño! largo y entusiasmado, estancado en la garganta.

13.3.09

Culpa.


No se que me pasa cuando baja el sol. Se siente tan raro el aire, como lento y espeso, el tiempo se acorta mas y mas. ¿Y la luz? Que se yo. Una espera tantas horas este momento, y termina estancándose en las sábanas sin poder dormir. Girando. Respirando entrecortado.
Las decisiones que tuve que tomar ya no abandonan mi mente, las palabras que dije me golpean el interior de la cabeza. Y así son las 3, y yo sigo despierta. Si, despierta. Escuchando:

"No, te podés ir, para siempre."

Unas finas lineas blancas estan dibujadas en la pared, y me pregunto de que serán. Claro. La luna colándose por la persiana. Y me da frío en esta noche de verano. El instinto me obliga a cerrar los ojos. Estoy bien, estoy a salvo cuando estoy ciega. Porque nada llega nunca a tocarme.
Pero no, no, no. Los recuerdos del día de hoy me estan atormentando, lentamente me castigan. ¿Fuí tan cruel? ¿Algún día volveré a dormir en paz? Y la tarde se convierte en madrugada.
Horas de ver el techo, contar los segundos, relajar cada músculo de mi cuerpo: lo he intentado todo. Lloré, rogué a un Dios en el cual no creo, hasta incluso pedí por favor. Quiero descansar mi mente de este suplicio, quiero cerrar los ojos y poder tener la mente en blanco.
Preocupaciones.
Tuve un día muy largo, empezando por el principio. Despierta desde las 6. Mañana en el banco, almuerzo apurado. 5 colectivos, un subte, y 7 cuadras en total. Me senté por primera vez, a las 4 de la tarde, cuando ella me invitó a tomar un café. Ya la camisa se me pegaba a la piel, ya el peinado estaba deshecho y el maquillaje corrido. Ya odiaba el calor.
Discutimos. Porque ella no sabe hacer nada bien. Pero quiere regresar a mi vida.

"No, te podés ir, para siempre."

No volveré a verla. O eso creí. Porque se vé que no voy a dormirme nunca mas, y su cara rondará en mi vigilia de por vida.
Esto se llama culpa.

8.3.09

FRUSTRACIÓN, AGH! tan común.

Las cinco de la tarde parece perfecto. El sol brilla, el viento corre y las lágrimas se secan. Y no se siente tan mal. Una a veces debería ser menos dramática y relajarse, lo se, pero cuesta. Es complicado ir contra la naturaleza, contra lo que uno es. Imponer un nuevo estilo de vida cuando se había acostumbrado a la rutina, es un desafío. Me aterra, porque soy tan emotiva para esas cosas.
Por eso a las cinco quise volar. Y conté, faltaban tan solo tres minutos para este nuevo estilo, esta persona poco drástica que iba a salir de mi interior a defenderme.
No me reí, lo prometo. Cuando vi el reloj y eran las 5:01 me asombré. Ya no estaba tan enojada, mas bien era una molestia pasajera. Algo corto que se alejaría con el paso del tiempo, una sensación en la garganta, un grito contenido y nada más.
Ay, como miento a veces. Que idiota puedo llegar a ser. Que normal, que sumisa. Y que fácil se me da caer en la tristeza. Y hacerme la cabeza es un deporte nacional. Pero soy yo, ¿qué mas puedo pedir? ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Rogar? No quiero ir tan bajo, ser tan dependiente.
Ya eran las 5:30 y nada parecía cambiar. No estaba allí y el viento iba mas lento, el oxígeno se estancaba en el pulmón. Todo era mas dificil, todo me salía mal. ¿Y el sol? No, ese dejó de brillar cuando desapareciste, dejádome humillada. Soy aburrida cuando quiero, porque es mi manera de ser, y hay días en los cuales yo quisiera ser una bomba de tiempo.
Pum. Caigo otra vez. Me lo hizo de nuevo, ¿qué le vamos a hacer? No hay antídoto contra este veneno, y mi cabeza se envuelve mas y mas en esa niebla densa que se forma ahí en el rechazo. Y entonces chau al sol, al viento y a las lágrimas que se secan. Se derrumbó un mundo otra vez, pero sigo creyendo que es mentira, que todavía me quiere.
Me contradigo, porque no se lo que quiero. Las esperanzas van y vienen, como vos. Ya no es tan cómodo quererte, y cada día es distinto a tu lado. Hay tardes en las que una quisiera matarte. Y otras noches se te extraña tanto, amarte para siempre parece poco.
¿Soy yo o sos vos? No lo sé.
Cuando ya eran las 9 todo me daba igual.

3.3.09

MS ♥ - hoy tengo ganas de no verte mas.



Imagine that we never met.
You'll do the same, from the looks of it.
Imagine that you never lied,
Oh yeah that's right, it's what you did the first time.


Me inundás con tu fantasma. Me llena la cabeza tu recuerdo. Y entonces no pienso, no respiro. Todo se volvió a transformar, todo lo que había olvidado vuelve a subir por mi garganta, formando un nudo intenso. Y una foto tuya puede hacer tanto en mi. Tu cara puede condenarme en el acto, y el simple hecho de recordarte es para mi un suplicio.
No quisiera tener que encerrarme en el cuarto, con tu nombre zumbándome en los oídos. Sola a la noche entre esas cuatro paredes... yo ahí, sola con tu recuerdo, puede ser mortal. Ya no recordaba el significado de la angustia, ya había desechado el eco de los gritos. Lo había empujado por la ventana desde un sexto piso. Le había dicho hasta nunca. Haciéndose cada vez mas chiquito, el eco me había devuelto el saludo y había estallado contra el suelo, en una última pelea. No cabía en mi la posibilidad de tener que volver a hacerle un lugar en mi cabeza, eso era pedir demasiado! Me acostumbré a la paz.
Me rebota y me lastima tu crueldad. Tal vez sea cuestión del destino, esta situación. Que se yo. Mientras tanto me conformo con no verte. Ya veré cuando sea mi turno y tenga que mirarte a la cara. Ya veré si me lo banco bien.

23.2.09

Confieso hoy para que no me pregunten mañana..

Quiero confesarlo.

A veces necesito ese empujoncito para estar bien. No es que me considere pesimista, no. Soy neutral. Neutral de los que ven todo hasta el mas mínimo detalle. De los que piensan antes de hablar o actuar. Llego a aburrir a las personas con mi responsabilidad.
Soy sana en demasía, pero hay días en los cuales me siento enferma, y quiero quedarme en cama. Empastillarme o ver a un médico. Esos días me creo lo menos, porque, ¿quien quiere a una persona reventada, empastillada, agonizando y con un resfrío inventado?
Siempre quise ser mejor aún, pero la voluntad la tengo por el suelo, las ganas se me acabaron y las esperanzas rotas me consumieron. Es por eso que no progreso. Y mi papá me preguntó una vez si en verdad me esforzaba.
Me duele que me cuestionen. Amo discutir hasta de cosas que no entiendo, solo para aparentar. Me gusta decir que amo leer y escribir, me gusta sentirme diferente o a lo sumo especial. Creo en mis palabras hasta la muerte. Y mis palabras me destruyen a diario.
En realidad odio hablar por teléfono. Me canso con facilidad. Eso de no tener a la persona en frente me molesta, y me distraigo con lo primero que vea. La gente suele no darse cuenta de eso cuando habla conmigo. Me jacto de poder dividir el cerebro y hacer varias cosas al mismo tiempo, producto de las clases de piano. Por eso en el teléfono, siempre respondo, aunque ni se lo que me están preguntando.
Ah! Odio las personas que te llaman a tu casa y en vez de saludar dicen: ¿quien habla?
Si, me irrito con MUCHISIMA facilidad.
Suelo contradecirme. Ejemplo, digo que odio el teléfono porque no estoy frente a la persona cuando le estoy diciendo algo. Aún así, me gusta el msn.
Amo, pero AMO despertarme temprano, tipo 8.30 de la mañana, habiendo dormido lo suficiente. Es mi tiempo, aquel que uso para soñar despierta.
Me estoy conociendo a mi misma en estos momentos. Estoy viviendo de nuevo, y eso me encanta. Estoy sintiendo.


Ya no quiero confesar mas.

10.2.09

El universo está triste -

Subo la persiana y con el aire viene el golpe de la realidad sobre mi piel, que arrastrando los restos del sueño tardío me da los buenos días. O mejor dicho buenas tardes, ya que son las 6. Al respirar profundamente todo en mi cabeza se acomoda. Es que el olor a lluvia cada segundo es mas fuerte, y la ciudad se va tiñiendo de gris. Y el agua tan pura que empieza a caer, primero despacito, después mas fuerte, hasta transformarse en tormenta, es el remedio mas sano. Aumentan mis ganas de salir y lavar la agonía, mojarme en las lágrimas del cielo y reírme de mi propia tristeza, que es menor a la del universo [porque yo no lloro tan fuerte como esta lluvia]. Y en ese momento, ya no soy yo, porque me borré a mi misma con una sonrisa, para alejarme lentamente.. Hasta llegar felizmente a las nubes.
Pero no. No esta vez, no me voy. Al abrir los ojos me descubro mojada y cansada, pensando mientras el frío me mata cruelmente, intentando decidir que hacer. A los golpes me levanto, y no veo nada atravez de la cortina de agua que cae aguda y constante. Y aunque arrastró la agonía me trajo una nueva, y ésta hace extrañar a la de antes. ¿Dónde estarás con este diluvio? Se caen las esperanzas, y las levanto desesperada. Con un grito te llamo, y tiemblo, aburrida de mi ciudad gris. Y siempre está una mano queriendo salvarme.