Olvido todo. Se pasan las horas. Aunque quisiera ser otra persona, no podría. Imposible, idiota sería si lo intentase. No queda otra opción, mas que disfrutarlo. Disfrutarme. Desear ser mas yo que nunca. Y en ese instante en el cual me acepto, es perfecto en toda sus formas. No podría ser otra persona, ni aunque lo quisiese, ni aunque lo intentase. No podría mas que disfrutar el momento, quedarme aferrada a esta última y necesaria opción. Porque hubo épocas en las que quise dejar de existir, y hubo épocas en las que quise autodestruirme. No necesito probar nada. Olvido el paso de las horas, pero no olvido que alguna vez quise ser otra, dejar de existir, cambiar de piel, de lado de la calle, cambiar de cielo. Y ahora que soy mas yo que nunca, me levanto.
Y cambio a veces. Porque siempre está el cambio. Cambio, porque no puedo morir aún. No debo. Valar morghulis, dirán. Todos debemos morir. Pero no, no todavía. Ahora me gusta un poco mas ser yo. Aunque algunas veces atenté contra mi cuerpo, contra mi alma, y quise romper en pedazos finos cada centímetro de mi piel, quise expirar mi ser, limpiar mi espíritu, vaciarme, llenarme nuevamente. Aunque hubo una época en que no quería levantarme, no quería mas nada, simplemente no quería. Todo eso queda grabado a fuego. Todo eso. Pero cambio, si. Y acepto que algunas veces quise morir. Y algunas veces quise vivir. Y pasan las horas, deseando ser yo misma. Y lo soy, soy yo, siempre lo fui. No necesito ya probarle nada a nadie. Este instante es tan perfecto, está grabado a fuego, fuego, lento, lento.
Cuando menos lo esperás, viene una revelación. Una palabra, un gesto, un aroma. Tal vez un color. Algo te empuja de nuevo, algo te dice, te advierte, te enseña, que quedan cosas buenas todavía. Tal vez no tengas mas su mano en la tuya, sus ojos a un centímetro para mirarte en ellos. Tal vez olvides pronto la textura de sus labios, el brillo de su pelo. Tal vez el recuerdo dure para siempre. No se. ¿Importa? No.
Todavía quedan cosas buenas.