13.7.09

Palacio veraniego

Se despertaba demasiado temprano, habiendo dormido poco. La emoción de un nuevo día de aventuras no la había dejado descansar como debía. Apenas abría los ojos y veía el rayo de sol entrando por la ventana de su cuarto, se levantaba de un salto y corría a ponerse su cómoda ropa de verano. Lo sentía, por como latía su corazón, lo veía en las formas de las nubes de algodón. Ese día iba a ser el mejor de todas las vacaciones.
Luego entraba a la cocina, con una sonrisa dispuesta a quedarse en sus labios hasta bien entrada la tarde, cuando volvería a su casa, cansada y sucia, pero feliz. Desayunaba demasiado rápido, muy distraída, contando los segundos que faltaban para que la pasaran a buscar. Y después de una corta visita al baño y de haber guardado su mas preciadas poseciones en su mochila, se hacía la hora de sentarse en el sillón, pegada a la puerta, lista para salir. Tras el bocinazo producido por la camioneta, un beso a mamá y un batir de palmas, ella ya estaba en camino, yendo lejos a divertirse.
El camino parecía excesivamente largo, aunque iban cantando y riendo. Ella iba sentada atrás, pero siempre se sentía como una mas de aquella extraña y divertida familia. Esa unión que siempre cuidó, con amor y esmero para que nunca se rompiera, es lo que mas protege en el mundo, hasta el día de hoy. Claro está, que en su cabeza de 11 años no pensaba en el futuro, no veía mas allá de las siguientes horas. Y tras pestañear un par de veces, suspirar otras tres, y reír muchas mas, llegaban al destino, con las manos fuera de las ventanas, golpeando las hojas de las plantas bajas.
Tenía a su mejor amiga de todo el mundo junto a ella, para divertirse como nunca. Ellas no necesitaban mucho, se arreglaban con un hermoso árbol, aquel que estaba a unos 100 metros de las mesas en las cuales comían. La caminata era muy especial, iban riendo y comentando su próximo juego. Y así como así, estaban trepadas en las enredadas ramas, asomando sus cabezas entre las hojas, por lo que ellas llamaban ventanas. Ventanas de su palacio veraniego.
El día se hacía mas corto de lo habitual. Sus preocupaciones mas profundas y pesadas, eran el rasguño que se había hecho en la rodilla, o el agujero en su remera nueva. El mejor verano de su vida fue en aquella extensión de pasto y agua, calores y risas fuertes.
Recuerda ahora cada cosa, cada emoción.
Recuerda la brisa dulce del río, haciendo bailar su cabello.
Recuerda las risas por los chistes infantiles.
Recuerda las charlas, las expediciones entre los árboles y familias desconocidas.
Recuerda su mirada intacta, pura, feliz.
Recuerda las noches en vela, esperando..
..esperando..

2 comentarios:

La de Arena dijo...

No lo habia leido. Y me hizo llorar.

Qué puro suena todo eso.
Y tan lejano..

Lou dijo...

el verano de todos en esa edad es hermoso..
lo leía y a pesar de no ser yo esa nena de 11 años yo me sentía tan identificada..

pensar q de chiquita quería ser grande, tener una sola mejor amiga, tal como en las peliculas, un novio, tener independencia...
y ahora tan solo quiero volver a esos verano como vos decias, de nenas sin preocupaciones y jugar y jugar e imaginar cualquier cosa pero con ella..