
Y suavemente pidió que me callara.
-No te preocupes.- me dijo mientras caminabamos por la plaza. Era noche cerrada, oscura y fría, yo debería estar ya en casa, pero como me lo pedía, no podía preocuparme. Abrazé mi cuerpo intentando cubrirme a mi misma y no sentir como el viento helado me atravezaba cruelmente. Y me acompañó hasta casa caminando, yo llevaba puesta su campera de cuero gastado que tenía su perfume tan varonil. Disimuladamente respiraba ese aroma que tanto me costó olvidar. Me despidió con un beso y ahí me desperté.
Otro sueño lindo en el cual su cara no existe,
es una mancha extraña sin personalidad.
es una mancha extraña sin personalidad.
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