23.4.10

Y los efectos que nunca siento son los rebotes del viento


Violeta volvió cuando todos estaban en sus cuartos. Su madre espiando a la vecina, su padre ausente y sus hermanos menores durmiendo. Era tarde para volver, pero mas temprano que otras veces. Era miércoles y estaba lloviendo tan fuerte. Esta vez no le dolía nada, pero tampoco se sentía bien. El olor a flores húmedas que venía del jardín le revolvía la panza y la ponía de mal humor. Y para colmo, las ventanas habían sido olvidadas y estaban abiertas de par en par. Entonces corrió escaleras arriba hacia su cuarto y lo vió. Su arte mojada de arriba abajo, sus esperanzas por el piso.
Fue ahí cuando estalló la tormenta fuera y dentro de la casona de la esquina.

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