Que feo fue despertarme a la mitad de la madrugada sin poder sacarme esa imagen de la mente, y llorar en silencio, porque nadie estaba ahí para calmarme. Lo menos que pude hacer fue levantarme en la oscuridad e ir a ver como dormías. Estabas tranquila, tal vez soñando con un mundo perfecto. Entonces me di cuenta que para mi sos muy pequeña y frágil, tan vulnerable a los males que te rodean, tan chiquitita. Consentida, pero tierna. A veces molesta, pero aún así el remedio perfecto para todas nuestras desdichas. Y tras besarte la frente me fui, no aliviada todavía porque siempre está el peligro rondando. Pero por lo menos pude volver a dormirme.
2 comentarios:
Las pesadillas, si tienen algo bueno, es que nos ayudan a valorar lo que tenemos. Al menos las pesadillas lógicas, dado que si soñás que te persigue Ricardo Fort disfrazado de mujer con una pistola en cada mano, dudo que te ayude a apreciar algo. Al contrario, creo que induciría a cualquiera al suicidio.
Todavía no te seguía, mira que loco.
Un beso desde Mar del Plata, mademoiselle :)
jajaj tu comentario me alegro el dia!
ahi visito tu blog.
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