El aire tiene un leve dejo salado. No llega a ser como cuando estás en la playa, es mas bien el aroma que queda en las cocinas cuando cocinaste hace unas horas. Pesado, pero no insoportable. Hay un poco de vapor, pero también es como un fantasma de algo que ya no está, una especie de ilusión, un espectro, pero sin llegar a ser espíritu. Mucho menos tangible. Los colores no abundan, ni siquiera en la mitad del paisaje hacia abajo, donde están las plantas y animales, y las personas están desaturadas, tal como lo están los cielos. Y cuando llueve la tierra se vuelve barro, y las pisadas de los hombres son lerdas, pues se hunden varios palmos. El olor de la tierra mojada es tan hermoso como en cualquier lugar, y la luz del sol en el atardecer es tan naranja (y rosada en el amanecer) como en cualquier atardecer/ amanecer en cualquier parte del mundo. La mayoría de los hombres y mujeres tienen ojos grises. Tan desaturados como el resto de ellos. El brillo casi no existe. Es todo opaco, plano, insulso. El pelo lacio, las voces graves. Cuando un pájaro canta demasiado agudo da miedo, no es costumbre del lugar. Cuando una flor es demasiado roja, o demasiado verde su tallo, prefieren cortarla de raíz. Rápido, antes de que las demás flores se contagien o peor, se pongan celosas por no ser tan coloridas.
En este lugar hay una fuerte tendencia al silencio. La vida es tan tranquila que es aburrida y larga. Los chicos no juegan, no ríen, solo leen. Los adultos ni siquiera eso. Sólo trabajan.No hay música.
Es todo una ilusión de equilibrio, como una constante búsqueda de armonía. Inexistente. Y cruel en el fondo.
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